dimecres, 2 de desembre del 2015

2256-EL CONSELLER D’ECONOMÍA ANDREU MAS-COLLELL DEMANA DINERS EN CASTELLÀ

Ha dit que ho feia perquè l’entenguéssin. És clar, aquí no s’arrisquen a emprar la llengua de Verdaguer, perquè amb les coses de menjar no s’hi juga. I com que els de la Generalitat están que “trinen” amb el Govern Central, perquè insinúen que els tracten com a nens malcriats, al retirar-los-hi la facultat de fer de mitjancers en els pagaments als proveïdors, al detectar, diu Madrid, que es gasten els calés en finançar el sobiranisme, cosa que sembla ser certa, crec jo, ja que abans les farmàcies i altres proveïdors dels Serveis Catalans cobràven més o menys, més aviat menys, puntualment. Però és que ara no cobren i els diners de Madrid (sí, sí, serán dels impostos dels catalans i tot el que vulguin) segueixen fluint cap a Catalunya, però s’empassen per algún forat de la butxaca de la Generalitat.

Perquè el cert és que no arriben on haurien d’arribar i, en canvi, un nou pou de despeses, sembla ser molt profund, ha aflorat e els darrers temps, anomenat sobiranisme, coincidint amb el fet de deixar de pagar a les farmàcies i altres proveïdors. Curiosa coincidencia, no?

I, en lloc de caure’ls-hi la cara de vergonya als srs. Artur Mas i Andreu Mas-Collell, perquè passin aquests fets precisament a Catalunya, planten cara al Govern Central amb tota clase d’improperis i exabruptes. Una altra fugida endavant, com altres del sr. Artur Mas, a l’haverse descobert la seva “pilota”. Per mi això és una altra corrupción del govern de la Generalitat, el fet d’emprar els diners que es dónen per unes coses, fer-lo servir per pagar-ne unes altres, deixant penjat a un sector que sempre ha donat compliment a les seves obligacions.

En aquest escrit obviarem les bajanades d’en Mas, ja comentades en altres escrits d’aquest Blog, i em centraré amb el nou personatge aparegut en escena, el conceller Mas-Collell. Diu aquest, dirigint-se al govern de l’Estat: “Somriguin tant com vulguin, però paguin”.

Home, sr. Mas-Collell, flamant profesor de Microeconomía a la Universitat! Però no se’n dóna compte, o es fa el suec, de que Madrid els ha curtcircuitat en els pagaments, assolint-los ells, perquè NO SE’N FÍEN DE VOSTÈS? Que es pensen que, fins i tot els propis catalans, ja fa temps que veiem els tripijocs que es munten amb els diners que arriben a la Generalitat, desviant-los cap allà on volen (sobiranismes, ambaixades, etc. etc.), en lloc d’emprar-los en el que toca? Que el govern del PP ho fa per causes polítiques, aprofitant la proximitat de les eleccions generals? Home, és clar que sí! Però és que vostès els hi posen en safata. Els vots que vostès els hi están fent guanyar al PP!

Però nosaltres els catalans, sí que tenim vergonya aliena,  la que ens fan passar vostès, els del Govern català, amb aquest Carnestoltes en que han convertit Catalunya, que ja comença a ser la riota de tota Europa. I els fa vergonya haver de justificar en què es gasten els calés? Que és que tot un flamant professor d'Economía creu que no s'han d'aplicar les populars Taules Input-Output ("Entrades-Sortides") a la Generalitat? JUSTIFICAR ÉS TRANSPARÈNCIA. Però quan la justificació es vol amagar..."algo huele a podrido en Dinamarca", que deia Hamlet.

Creguim sr. Mas-Collell, si no vol emmerdar-se més en causes perdudes i malbaratadores dels diners dels catalans, comenci  a recuperar el prestigi que li està devallant, deixant de fer de comparsa seguint-li el joc a Artur Mas, abandonant el més aviat possible la Companyía de Teatre de l’Esperpent d’Artur Mas, i torni-se’n a la Universitat. On està, acabarà com els numantins a Numancia. Sigui conseqüent amb vostè mateix i no s’empassi més les rodes de molí que li presenta el seu jefe.

Jordi Pi Solsona  (el fill del meu pare)

dimarts, 1 de desembre del 2015

2255-LA CUP HA VUELTO A DEMOSTRAR QUE, EN CATALUÑA, TIENE LA SARTÉN POR EL MANGO

LA CUP ha vuelto a demostrar que, en Ca­taluña, tiene la sartén por el mango, políti­camente hablando. 823 de sus militantes re­chazaron la investidura de Mas en la asam­blea que tuvo lugar el domingo en Manresa, pero, al mismo tiempo, dejaron la puerta abierta a la negociación con Junts pel Sí. Es lo peor que le podía pasar a Mas, por­que la CUP ha puesto en manos de la coali­ción independentista la disyuntiva de pedir­le que se vaya o bien arriesgarse a nuevas elecciones, en las que el soberanismo ten­drá menos respaldo que el obtenido el 27-S (como mostraba la encuesta publicada por La Vanguardia este fin de semana).

Para los antisistema, jugar con la perma­nencia de Mas es su mejor baza para obte­ner concesiones impensables atendiendo sólo a su representación parlamentaria.

Acudiendo en defensa del soldado Mas, Oriol Junqueras y Romeva dijeron ayer que «sin Mas no habrá independencia». Como si Mas fuera la garantía de que sí la habrá. Lo que buscan es sacar la cabeza para no sen­tirse ninguneados por la CUP. Artur Mas se ha comportado con enorme torpeza en los últimos meses: ha roto con el catalanismo moderado y, sin embargo, no ha sido capaz de liderar una alternativa independentista sólida. En lugar de ser el domador de radicales y de los antisistema, como había prometido a la gran burguesía.

Si en el plano político, hoy por hoy, la CUP es quien marca la hoja de ruta, desde el punto de vista económico son las grandes instituciones financieras las que tienen a su merced al president. En efecto, el golpe de gracia a Mas no depende tanto de la voluntad de la CUP co­mo de la decisión que adopten en las pró­ximas semanas Isidro Fainé y Josep Oliu. Según las fuentes consultadas, el Banco Sabadell tiene ya decidido trasladar su se­de a Madrid si, finalmente, se confirma un pacto con los antisistema y se lleva adelan­te el plan de ruptura con España que se ex­plícita en la declaración del Parlament aprobada el pasado 9 de noviembre.

Esa posibilidad ya ha sido estudiada por su consejo, que tiene plena capacidad para llevarla a cabo sin necesidad de convocar a la junta de accionistas. Por su parte, Caixabank ha estudiado diversas opciones, que serían también aplicables en el su­puesto de ruptura. La primera de ellas fue la de trasladar su cuartel general a Pam­plona (antigua sede de Caja de Navarra, integrada en Banca Cívica, que fue adqui­rida por Caixabank en 2012). Sin embargo, la alternativa que se baraja en los últimos días es la de llevar el centro de mando de Barcelona a Palma de Mallorca (hasta su fusión en 1990 con la Caja de Ahorros de Barcelona, la Caixa se denominaba Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares).

Desde 2014 un total de 654 empresas con sede en Cataluña han decidido trasladarse a Madrid, tanto por razones fiscales como políticas. Pero Caixabank y Sabadell, los dos pilares fundamentales del crecimiento económico catalán, se han mantenido fir­mes hasta ahora.

Según las fuentes consultadas, Mas ya habría sido advertido por diversos emisa­rios de que si continúa con sus planes de secesión al margen de la legalidad, Fainé y Oliu harán un gesto inequívoco de rechazo trasladando las sedes de sus bancos fuera de Cataluña. Un pulso sin precedentes. ¿Quién cederá primero?


Casimiro Gárcia-Abadillo

2254-RAJOY, MAS I JUNQUERAS

NO RESULTA fácil navegar contracorrien­te. Perdería yo, sin embargo, el sentido de la objetividad si negara que Mariano Rajoy lo está haciendo bien en las últimas se­manas, lo mismo ante la amenaza del te­rrorismo yihadista que ante el órdago del secesionismo catalán, lanzado sobre el caspódromo de España por Oriol Junque­ras y su marioneta Arturo Mas.

He afirmado reiteradas veces que la gran política consiste en prevenir, no en curar. Y que la cachaza de Mariano Rajoy, su lenidad, su insolente indolencia, han contribuido de forma decisiva, tras el dis­parate de las ocurrencias de Zapatero, a que en Cataluña ocurra lo que está ocu­rriendo. La sandez de Pedro Arrióla -«no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico»- ha engendrado los lodos actuales que están convirtiendo la política catalana en un albañal.

Mariano Rajoy ha reaccionado, por fin, ante el asedio de las escombreras. Lo ha hecho tarde, sin duda, pero bien. El espíri­tu de la Transición consistió en el pacto de Estado entre el centro derecha y el centro izquierda -más del 80% del voto popular- para hacer frente a los problemas del te­rrorismo, la territorialidad, la gran política internacional, el cumplimiento de la Cons­titución... Todos los presidentes asumie­ron ese pacto, de manera sobresaliente Fe­lipe González que se alzó en 1982 con 202 diputados. Pudo fracturar el régimen pero actuó como un hombre de Estado, el me­jor, por cierto, del siglo XX, como Cánovas del Castillo lo fue del siglo XIX.

Solo José Luis Rodríguez Zapatero se dedicó a achatarrar el espíritu de la Tran­sición y envió al Partido Popular al zaqui­zamí de la Historia, dando alas a los secto­res nacionalistas que querían la quiebra de España. Mariano Rajoy, por el contrario, se ha puesto de acuerdo con Pedro Sán­chez para, conforme al espíritu de la Transición, hacer frente al desafío secesionista catalán, sumando además al oscilante cen­tro de Albert Rivera, el político que ha en­cendido en el alma envejecida de la Tran­sición las llamas de la juventud. Y ya vere­mos qué pasa porque las espadas están en alto, a la espera de las pompas fúnebres de Arturo Mas, que es un cadáver político pe­ro todavía de cuerpo presente. También ha hecho lo que debía Maria­no Rajoy ante la amenaza del yihadismo terrorista. Hasta ahora ha conseguido apartarlo de la campaña electoral, ha ac­tuado con prudencia frente a las naturales exigencias de Francia y ha sabido convo­car al primer partido de la oposición y también a otras agrupaciones para crear una plataforma común. Así lo aconsejaba la actual situación porque España es Al- Andalus norte, territorio a reconquistar por el fundamentalismo islámico. Nuestra situación resulta especialmente vulnera­ble.

Que la actividad de Mariano Rajoy en las últimas semanas pueda suponerle la recuperación de una parte de los votos perdidos en cuatro años de certera gestión económica e inane política frente a los otros desafíos nacionales, eso es un hecho. Algunos sectores no desdeñables de vo­tantes del PP prefieren la unidad de Espa­ña al bienestar económico. Y por ese cami­no ha comenzado a transitar Mariano Ra­joy, todavía con aspavientos de galápago y no sé si demasiado tarde.


Luis María Anson.