dimecres, 5 d’agost de 2015

1911-Aquí no pasa nada

DESPUÉS de cinco siglos de Historia unida, el Gobierno autónomo de una re­gión española organizó el año pasado un descarado referéndum de secesión y fir­mó ayer la convocatoria de unas eleccio­nes que, eufemismos aparte, son clara­mente plebiscitarias. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
En las provincias vascongadas se ento­na cada día la apología del terrorismo, los proetarras lo inundan todo con los retra­tos de sus presos dispersos y se han adueñado de la comunidad navarra. En Galicia, en Baleares, en Canarias, en An­dalucía se escuchan en cascada clamores secesionistas y menos mal que se salva Cartagena. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
Al himno nacional y al Rey de España se les dedican silbidos vejatorios en un estadio deportivo, a Juan Carlos I se le desmonta con alardes audiovisuales de su pedestal barcelonés, a la Familia Real se le ha perdido el respeto. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
Los indignados de turno han llegado a cercar el Congreso de los Diputados, se­de de la soberanía nacional, mientras la desobediencia civil se extiende por muni­cipios y autonomías de forma imparable. Una asaltacapillas in púribus y una dama que micciona en plena calle ante los fotó­grafos ocupan cargos relevantes en Ma­drid y Barcelona, ambas capitales en ma­nos de la extrema izquierda antisistema. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
No pocas Universidades sindiailizadas y contritas han perdido todo atisbo de excelencia mientras en los centros edu­cativos a diversos niveles se hace mofa de los profesores y se les veja sin piedad. Un Gobierno de mayoría absoluta se muestra incapaz de hacer una reforma de la ley electoral que hubiera evitado el chantaje de los partidos minoritarios y no digamos la reforma ordenada de la Constitución que las nuevas generacio­nes exigen y que se hará de forma revo­lucionaria si se confirman las encuestas electorales. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
Se sangra a los ciudadanos con unos impuestos casi confiscatorios y se impo­nen austeridades asfixiantes menos para la clase política y la casta sindical que se enseñorean de España. En la Sevilla de los ERES y los cursos de formación, en el Madrid de Gürtel y Púnica, en la Barce­lona del Palau y las mordidas reconoci­das por el propio Parlamento, en incon­tables ciudades y pueblos españoles, a todas las escalas y a todos los niveles, la corrupción se ha convertido en una ser­piente que repta arrogante por la geogra­fía nacional. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.
Desde hace ocho años, el régimen está agotado y ahora el sistema creado en la Transición se le desmorona a Mariano Rajoy entre las manos mientras se dibuja para arrumbar sus escombros un futuro Frente Popular ampliado. Pero aquí no pasa nada, no pasa nada.

¿Qué tiene que pasar, en fin, qué tiene que pasar para que el Gobierno nefelibata se baje de la nube en la que habita y se enfrente, al margen de las excrecencias electoralistas, con los problemas de fon­do que amenazan con la fractura de Es­paña y con la devastación de la vida de­mocrática en nuestra nación?

Luis María Anson, de la Real Academia Espa­ñola

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