dimarts, 25 d’agost de 2015

1957-El delirio nacionalista no se conforma ni con la hipotética independencia catalana

TEMA QUE JO JA EN VAIG PARLAR AHIR I  AVUI TAMBÉ HO COMENTA UN DIARI DE 
L' ALTIPLÁ 

"FALTA todavía más de un mes para que se celebren las elecciones autonómicas catalanas, pero los partidos in­dependentistas han pisado el acelerador de la campaña. La lista unitaria Junts peí Sí -en la que el president Mas va de número cuatro- está preocupada por no lograr la amplia movilización a la que apela continuamente. Por ello, su cabeza de cartel, Raül Romeva, advirtió ayer de la necesidad de un «mandato claro en las urnas». Y desde la Assemblea Nacional Catalana van más lejos aún y su presidente, Jordi Sánchez, aboga por «decla­rar inmediatamente la independencia» si el Estado «coacciona» a la población tras el 27-S. Es una exhibi­ción diaria de despropósitos. Aunque lo que no es nin­guna broma es el desafío soberanista, que ya no parece tener marcha atrás. Más allá de que los distintos órga­nos del Estado estén vigilantes para impedir cualquier vulneración legal, los partidos no independentistas tie­nen de aquí a las elecciones una oportunidad única para desmontar con argumentos sólidos las falacias sobre las que se apoya el plan rupturista.
En este sentido, el conseller de Justicia, Germá Gordo, no ha tenido empacho en pedir que una Cata­luña independiente «no olvide la nación completa» y defender la posibilidad de extender «la nacionalidad catalana» a los ciudadanos del «resto de territorios de los Palsos Catalans», en referencia a Baleares y la Co­munidad Valenciana. No es un mero desvarío del con- seller. Su planteamiento es insultante para todos los es­pañoles de estas comunidades, que ya tienen naciona­lidad y no desean ser tratados como si fueran miem­bros de alguna colonia. Pero es, sobre todo, la demos­tración de que el delirio independentista va mucho más allá del deseo de romper con España. Su anhelo es la construcción de una realidad política inexistente que no quedaría satisfecho ni con una hipotética separa­ción de las cuatro provincias catalanas.

Aunque las elecciones del 27-S no serán plebiscita­rias como les gustaría a Mas y los suyos, no cabe dudar de su trascendencia. Y en función del resultado, el clima de incertidumbre que se puede generar afectará a todo el país. Máxime cuando el president defiende, por ejemplo, que bastaría con que los independentistas logren los 68 escaños de la mayoría absoluta para de­clarar unilateralmente la independencia, sin importarle siquiera qué porcentaje del censo acuda a las urnas. El Estado tiene suficientes instrumentos para impedir ta­maña ilegalidad. Una nación con tantos siglos de histo­ria común no se rompe por los delirios de nadie. Pero en un momento en el que tan importante es la estabili­dad, cabe volver a apelar a la sensatez de los catalanes."

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