dimarts, 25 d’agost de 2015

1956-Dinero para el secesionismo

«DINERO, dinero y dinero», así resumía Talleyrand los éxitos de Napoleón. La gran política se jibariza de forma inevita­ble si se carece del fortín económico. Hasta Miguel de Cervantes escribió, en boca de Sancho, que «el mejor cimiento del mundo es el dinero».

Un interesante blog digital ha cifrado en 20.000 millones de euros lo gastado en los últimos años de forma directa por las administraciones públicas catalanas en la operación secesionista. Esa canti­dad se completa con los recursos indi­rectos aportados también de forma co­piosa para intentar la gran tropelía his­tórica. La tercera parte de la gigantesca deuda de la Generalidad se deriva del despilfarro para alimentar la voracidad secesionista.

No hace falta subrayar la extrema gra­vedad de las cifras contrastadas. Pero más grave parece a muchos la ausencia de la adecuada respuesta por parte del Gobierno de la nación. ¿Cuánto ha gas­tado Mariano Rajoy en contrarrestar la magna maniobra del soberanismo contra la unidad de España? La respuesta since­ra resultaría acongojante. Hasta hace unas semanas, el ordago secesionista no ha tenido otra contestación que la pasivi­dad arrogante, la aldeana cachaza, la sandez de que no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo, la polí­tica arriólica, en fin, de los tres monos de Nikko: Mizaru, no ver nada; Kikazaru, no oír nada; Iwazaru, no decir nada.

Para combatir el desafío de ese pobre hombre de cortos alcances que es Arturo Mas, manejado como una marioneta por Oriol Junqueras, era necesario destinar un robusto presupuesto a anular el cho­rro económico de las administraciones públicas catalanas. Y, además, adminis­trarlo con eficacia y austeridad por gen­tes capaces, no por amiguetes del partido, porque está enjuego el destino histórico de un país que mantiene su unidad nacio­nal desde hace cinco sigloS, tras protago­nizar una de las tres grandes historias del Occidente moderno.

La gran política, decía Winston Churchill, consiste en prevenir no en curar. Mariano Rajoy se esfuerza ahora en in­tentar curar la enfermedad soberanista que no supo prevenir. Nada de lo que es­tá ocurriendo se habría producido si ha­ce cuatro años se hubieran tomado las medidas necesarias para evitar el desmo­ronamiento y la escombrera. Es verdad que José Luis Rodríguez Zapatero, con su política de ocurrencias, estimuló una re­forma secesionista del Estatuto catalán y albrició a sus líderes. También es verdad que durante cuatro años y, desde una confortable mayoría absoluta, Mariano Rajoy, que tan certeramente ha resuelto la crisis económica, se ha distinguido por no hacer nada frente a la política sobera­nista de Oriol Junqueras y de su polichi­nela Arturo Mas.

«Poderoso caballero es Don Dinero», escribió nuestro clásico estevado. Los 20.000 millones de euros gastados por las administraciones públicas de Cataluña en los últimos años han cont ribuido decisiva­mente a la creación del clima secesionis­ta que vive hoy una parte del pueblo cata­lán, sobre todo porque el Gobierno Rajoy, con todos los recursos a su disposicíón, no ha sabido oponer al dinero turbio de la independencia el de la unidad de España.


Luis María Anson, de la Real Academia

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