dimecres, 2 de setembre de 2015

1969-La caducidad de Junts pel Sí. Convergència ha demostrado no poder presentarse en solitario a unas elecciones

El president Artur Mas debió tener un sue­ño e imaginar que los casos de corrupción que caen sobre las espaldas de CDC po­drían desaparecer a golpe de proceso inde- pendentista. Sin embargo, la realidad es to­zuda y ahí están escritos y descritos, no tan sólo en unos cuantos titulares periodísticos, sino también en diferentes procesos judi­ciales que la actualidad reabre como heri­das imposibles de cicatrizar.

Los hombres de Convergencia lo sabían. También conocían ese peso sus recientes amigos de ERC, de la ANC y de Ómnium pero decidieron alojarlo en sus mochilas.

El mismísimo Raül Romeva era consciente de los peligros a la hora de aceptar liderar la lista de Junts pel Sí. ¿Por qué, entonces?

Por un lado, CDC ha demostrado no po­der presentarse en solitario a unas eleccio­nes, como recordó Duran hace poco. Y así, el partido que fundara Jordi Pujol, aun con síntomas de maldición y sedes embarga­das, se presentó dispuesto a batallar con y contra el mal fario, asumiendo los riesgos evidentes que existían, llámense Sumarroca o Millet. Mas y los suyos diseñaron en julio un estado de opinión que obligó a Oriol Junqueras y compañía a aceptar una coalición electoral, a la que la CUP le hizo una llamativa butifarra.

Por otro, el partido que ha ligado con ga­nas su futuro a la independencia, Esquerra, veía con dificultades explicar a su votante los temores y reticencias que albergaban ¡ ante no adelantar las elecciones. Y así «el ' ungüento Romeva», compañero de Junque­ras en el Parlamento Europeo, aliviaba los posibles dolores musculares.

Pero esos posibles riesgos han acabado por convertir en realidad algo que ya vati­cinaban los más radicales de ERC. Sobre todo, los de la Cataluña de comarcas. Y ello hacía referencia a las dificultades de tener como compañeros de viaje a los hombres y mujeres de Convergència.

El argumento del momento excepcional histórico funcionó hasta el viernes. Cuando la Guardia Civil entró en la Fundació Cat- Dem y en la misma sede de CDC, las aler­tas saltaron en la mayoría de agrupaciones locales del partido de Junqueras. Y la frase «ya os lo dije» brotó casi al unísono.

Por ello, la caducidad de la lista Junts pel Sí será más corta que una buena de esas buenas leches frescas pasteurizadas que te­nemos en la Cataluña del interior. Sea el que sea el resultado. Sólo variará en el buen rollo, que estará directamente relacio­nado con los resultados.

Lo más interesante es saber que tanto en CDC como en ERC los que se mantienen fuera de foco se están preparando con la premisa de que «alguien tendrá que recolo- car los muebles en su sitio». La cita es de un conseller en activo pronunciada en una agradable cena veraniega. Explica de for­ma sucinta, pero muy visual, el estado en que se encuentran parte de las direcciones de las dos formaciones.

La suerte del 27-S está echada. Nadie da­rá un paso atrás ni con registro diario de la Guardia Civil. Pero el 28 será otra cosa. La caducidad de un «Sí» que, aunque persista, tendrá otros protagonistas.


Alex Sálmon

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