dilluns, 14 de setembre de 2015

2009-CARTA A MAS (O MENOS)

El problema es un Gobierno secesionista, de raíz xenófoba y totalitaria, que nos trata como enemigos

El pasado 6 de septiembre, en respuesta a una carta de Felipe González, Artur Mas publicó en El País un texto que ha sido cri­ticado por su insolvencia intelectual, bajo nivel lingüístico y nula capacidad argu­mentativa. Para poner de relieve la tergi­versación de la realidad y de los hechos so­bre los que se asienta todo el relato -con el que trata de justificar el salto mortal del independentismo hacia la secesión-, basta leer el texto dando la vuelta al espejo, invirtiendo los términos Cataluña y España, catalanes y españoles, para reflejar la Ca­taluña y la España real que Mas y los independentistas tratan de ocultar con su dis­curso «estelado». Este es el resultado (pe­dimos perdón por la sintaxis):
«Para dar lecciones de democracia a los españoles hay que tener mucha audacia. Pero para despacharse equiparando al Es­tado español con el nazismo hay que ser muy poco responsable; tamaña provoca­ción indica hasta qué punto hemos llega­do. Eso es lo más triste del libelo incen­diario que firma todo un presidente de la Generalidad.

Valdría para la ocasión aquello de «a pa­labras necias, oídos sordos», qué duda ca­be, si no fuera porque no se trata de un mandatario de un partido de rancio abo­lengo democrático. Ahí radica lo más preo­cupante de la situación: los principales partidos catalanes comparten discurso y estrategia para con España. La misma re­ceta, la de siempre, sin tapujos.

España ha amado Cataluña y la sigue amando. España ha amado la solidaridad y la fraternidad con Cataluña y con Europa. Y en el caso de España, lo ha hecho a pe­sar de la ausencia de reciprocidad, procu­rando, siempre, fomentar una economía racional y productiva, unas infraestructu­ras al servicio de las necesidades económi­cas, al servicio de la gente, de la prosperi­dad, impulsando tenazmente una mejora de las condiciones de vida fomentada en una sociedad más libre y más justa.

Los españoles han amado la libertad por encima de todo, con pasión; tanto la han amado que en varias fases de nuestra historia han pagado un precio muy alto en su defensa. Los españoles (incluidos los catalanes, por supuesto) han resistido tenazmente dictaduras de todo tipo, dicta­duras que no sólo han intentado sepultar las culturas, las lenguas o el conjunto de
las instituciones del país.

España (los españoles) ha amado a pe­sar de no ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha dado mucho y ha re­cibido poco o nada, si acaso las migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y Gobiernos. Y pese a ese cúmulo de cir­cunstancias, la democracia -como expre­sión mayoritaria contemporánea- ha res­pondido, una y otra vez, extendiendo la mano y encauzando todo tipo de despropó­sitos por parte de Gobiernos y gobernan­tes. España ha persistido en ofrecer cola­boración y diálogo frente a la imposición y ha eludido, pese al hartazgo, responder a los agravios acentuando el desencuentro.

No hay mal que cien años dure ni en­fermo que lo resista. Así no se puede se guir, por el bien de todos. Por eso, desea­mos que eclosione en Cataluña un anhelo de libertad y esperanza, una brisa de aire fresco que plantee el reto democrático de guir, por el bien de todos. Por eso, desea­mos que eclosione en Cataluña un anhelo de libertad y esperanza, una brisa de aire fresco que plantee el reto democrático de realidad de una Cataluña y una España justo al revés de lo que es».

SANTIAGO TRANCÓN PÉREZ

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