diumenge, 6 de setembre de 2015

1986-UN GOLPE DE PALACIO

Como si saliera de cenar de Hany's Bar, Alfonso Guerra ha pronunciado la frase fatídica, malapartista: «Artur Mas lidera una suerte de golpe de Estado a cámara lenta». El ex vicepresidente del Gobier­no socialista ha avisado que los independentistas van a dar un salto en el vacío y se van a arrojar al precipicio con sus monjas sin llagas. Gue­rra se ha mostrado partidario de aplicar el artículo 155 de la Constitución y ha censurado la pasividad del Gobierno de Rajoy ante el posible pronunciamiento, horas después de que el propio presidente del Gobierno haya reconocido que Mas se ha puesto a crear estructuras paralelas de Estado.

Yo creo que los políticos sobreactúan, contraprograman, acojonan. Lo que urde Mas no es un coup d'Etat, sino un golpe de palacio, con el objetivo de sacar una mayoría par­lamentaria para seguir en el edificio gótico, convirtiendo San Jaime en un castillo de los Cárpatos. Los nacionalistas insisten en la ignorancia, la frivolidad, la doblez, la codicia, la deslealtad, la «cobarde altanería y chovinismo infantil» que denunciaba Azaña cuando ya era tarde. Todo es ruido, palabras, amenazas; todo por la patria para arrancar votos. El objetivo de Mas -si gana las elecciones con el apoyo de la CUP- es sentarse a forzar un cambio constitucional con el Gobierno de las zambombas. Las independencias se lo­gran con insurrecciones, no con golpes de palacio.

Ahora ya no es necesario el iA mí la Legión!, ni el bom­bardeo desde Monljuic; no se necesita un pelotón de solda­dos. Basta con aplicar la ley. Otra cosa es la conducta del Gobierno. Hasta el momento, el lenguaje de Rajoy -entre la prudencia y la retranca- ha sido el idóneo para sacar de qui­cio a los independentistas. A partir de ahora, Rajoy tiene que hablar claro y dejar la pasividad que le achaca Guerra.

En el pasado siglo, algunos escritores pidieron a la Real Academia un signo ortográfico para avisar de la ironía en los párrafos. Ese signo llegó con internet a los chats, a los blogs y a las redes socia­les. El signo se denomina emoticono, una carita humana, un icono gestual.con vi­sajes de risa o de enfado. El presidente debería dejar la coña -retranca en galle­go- para que no tuviéramos que poner emoticonos a sus palabras. Ayer mismo, dijo que las eleccio­nes serían el 20 de diciembre y luego, forzado por Carlos Herrera, usó la muletilla: «O no». La ironía es verse desde lejos, es socrática, pero ahora ha llegado el momento de ex­plicar a la nación en román paladino cómo va a impedir que hagamos el ridículo los catalanes y los españoles, si algún independentisia pasara de las musas al balcón A partir de septiembre, a Mariano Rajoy no le va a salvar esconderse en las faldas de la señora Merkel, o repetir que el Estado está preparado para hacer cumplir la ley. Tenemos derecho a saber qué medidas tiene previstas el Gobierno pa­ra impedir la sonada que, en el caso de que Mas, con la peluca de George Washington, quisiera convertir unas elecciones autonómicas en una declaración de independencia.


Raúl del Pozo

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