divendres, 4 de setembre de 2015

1976-Mas utiliza el soberanismo para no responder por los pagos a CDC

EN LA misma línea victimista y desafiante a la que nos tiene acostumbrados, Artur Mas utilizó burdamente su comparecencia de ayer en la Diputación Permanente del Parlament de Catalunya para iniciar la campaña electoral y para echar balones fuera sobre la supuesta financiación ilegal de su partido. El presidente de la Generalitat, al que hace tiempo que no le importa guardar las formas, no se escondió en ninguno de los dos bloques de su comparecencia. En el primero, reco­noció sin rubor que, pese a la apariencia legal de unos comicios autonómicos, las del 27-S son unas «eleccio­nes plebiscitarias. Y merece la pena que esto se sepa». Admitió de esta forma, en sede parlamentaria, que ha hecho uso de una artimaña política para ir más allá de sus competencias. Y se presentó, ade­más, como víctima de la intransigencia del Go­bierno del PP Éste, afirmó, ha pretendido silen­ciar los deseos de lo que él llama el pueblo ca­talán, un sujeto político más propio de su ima­ginación que de la legalidad constitucional, que hace recaer la soberanía nacional en todo el pueblo español. Una trampa retórica con la que intenta presentar como «normal» lo que no es sino un desafío a la ciudadanía y al Estado de Derecho.

La segunda parte de su intervención, la más espe­rada, porque en ella debía responder a las acusaciones de financiación ilegal de su partido, la dedicó, sin em­bargo, a acusar a las instituciones del Estado, y en con­creto al Ministerio del Interior, de utilizar a la Fiscalía y a la Guardia Civil para atacarle. Según el presidente de la Generalitat, que dijo no creer en la «casualidades», ha sido el Gobierno el que ha filtrado algunos docu­mentos a los medios para convertir la investigación en un «espectáculo» mediático con la intención de perjudicarle electoramente. Como ya hiciera su padrino y antecesor en el cargo, Jordi Pujol, Mas intenta confun­dir los intereses de Cataluña con los suyos propios, de tal forma que todo lo que pueda frenar su delirio independentista no es más que un ataque a la «mayoría de catalanes» que, según dijo, tomando una parte por el todo, están a favor del «derecho a decidir». Como ocu­rriera con Jordi Pujol, Artur Mas pretende que la ban­dera le otorgue la impunidad.

Porque esta retórica no tiene otra finalidad que la de seguir con su delirante huida hacia adelante para no responder de las graves acusaciones de financiación irregular de su partido. Mas reconoció que Teyco, la constructora fundada por el empresario Carles Sumarroca , estrechamente vinculado a la familia Pujol y a Convergéncia, realizó importantes donaciones finan­cieras a CatDem, la fundación del partido. Pero lo hizo, añadió, conforme a la legalidad y por cuestiones patrióticas, porque es una empresa que comparte «el modelo de país» que defiende CDC. Lo que no dice Mas es que la ley de 2008, que limitaba las donaciones anónimas a los partidos políticos, dejaba sin embargo un res­quicio abierto para que éstas fuesen a parar a las fundaciones. Así, de la misma forma que, según el Tribunal de Cuentas, CiU era el partido que proporcionalmente más donaciones recibía de toda Es­paña, ahora es CatDem la fundación que, en relación a su tamaño y alcance territorial, más dinero ingresa por ese concepto en todo el país.


Precisamente por eso, lo que está investigando el juez es si esas donaciones empresariales se hicieron a cambio de favores políticos, porque entonces estaría­mos ante graves delitos de cohecho y de financiación ilegal. Tal y como se desprende del documento publi­cado por este periódico, Teyco pagaba el 3% de comi­siones ilegales a los ayuntamientos gobernados por CDC a cambio de la concesión de obras públicas. Y so­bre eso, Artur Mas no fue capaz ayer de disipar las du­das que ha abierto la investigación en marcha.

EL MUNDO, 3/09/2015

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