dimarts, 8 de setembre de 2015

1991-Sarkozy en Badalona

LO QUE SUCEDA a partir del próximo 28 afectará a toda España. La frase no es mía, es del candidato a la presidencia de la Generalitat por el Partido Popular Xavier García Albiol. Tiene razón. Aunque no sean unas elec­ciones plebiscitarias, ya que tal cosa no exis­te, al igual que no hay bodas definitivas o entierros provisionales, si son unas elecciones decisivas. En ellas se juzga, le guste o no a Artur Mas, a Convergencia y su pasado.

Es lo que intenta evitar el president desde hace cinco años. De ahí su desesperación en camuflar sus siglas y su candidatura detrás de banderas y comparsas. «No somos noso­tros, es el pueblo», dicen los convergentes. «Obedecemos a la sociedad civil», machacan en los medios de comunicación. Pero se les ve el plumero cuando, como argumento su­premo, esgrimen el viejo mantra: «el que va contra nosotros, va contra Catalunya».

¿La realidad? Convergencia tiene seis cau­sas abiertas por corrupción, las sedes embar­gadas, a su presidente fundador autoinculpado por delito fiscal y a su ex secretario general dimitido por el caso ITV y, recientemente, el nuevo escándalo de Teyco y sus donacio­nes a la Catdem, la fundación convergente.

Mas se esconde entre entidades y adhesio­nes inquebrantables, todas subvencionadas, claro. Pero no lo verán en Sant Cosme, Llefiá, el Polígono Gomal, Vallbona. El Pi de les Tres Branques y poco más. Sólo he visto a un candidato pasearse una y otra vez por ba­rrios en los que se refleja la cara oculta del país de las maravillas: Xavier García Albiol. Con un discurso basado en la transversalidad, la oposición a la independencia, el prag­matismo de Tarradellas y su experiencia co­mo alcalde de Badalona, su mensaje empie­za a hacer mella en los electores.

Albiol busca la complicidad del votante socialista del cinturón, harto de un PSC que en Badalona entrega la alcaldía a las CUP, que con sus votos permite que municipios como Terrassa entren en la Asociación de Municipios por la Independencia y que en materia de independencia dice que no, pero que hay que hablar, y sobre todo que nada con el PP.

Otro tema en el que Albiol habla sin tapu­jos es el de la inmigración ilegal. Lejos de las consignas pijo progres, lo que dice Albiol acerca del cumplimiento de la ley suena a gloria al vecino de Sils, Vic, Manlleu o Mata­ró. Mientras la izquierda carece de discurso en este terreno, más allá del «papeles para todos», que ya se ha visto como acaba, Albiol habla para la gente de a pie en su mis­mo lenguaje. No son pocos los socialistas ca­talanes que dicen en voz baja sentirse mu­cho más próximos a Albiol que a Miquel Iceta. Al ex alcalde de Badalona solamente la falla una cosa: que es del PP. Pero incluso con el desgaste que supone pertenecer al partido de Rajoy, en poco más de un mes ha remontado las escasas posibilidades que te­nía su partido. Existe un antes y un después.

«Es el Sarkozy de Badalona», me decía ayer un conocido periodista catalán, de los que critican en privado y alaban en público. Pues sí, le dije, Sarko empezó visitando las banlieus parisinas, a pecho descubierto, cuando los automóviles ardían, la población estaba asustada, la policía acorralada y el gobierno en sus despachos. Y llegó a la pre­sidencia de Francia.

Si yo fuera Miquel Iceta, prescindiría de Jordi Serra, su hombre en Badalona, me de­jaría de prejuicios y miraría cómo tengo la agenda del 28, llamaría a este chico del PP y quedaría para tomar un café. O dos. Porque Albiol ha venido para quedarse, no lo duden.


MIQUEL GIMENEZ

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