dijous, 10 de setembre de 2015

1998-En TV3 no hay sitio

Esto no es nuevo, así que no es sorpresa lo que podemos esgrimir ante la noticia de que la televisión pública catalana ha vetado la entrevista programada al ex ministro socialista Josep Borrell, que publica ahora un libro en el que combate con argumentos y datos incontestables las falsedades del soberanismo. Les ha debido de parecer a los independentistas que, para adoctrinar a la población, no tienen bastante con ocupar todo el espacio a lo largo de la programación de todos los días desde hace décadas y no quie­ren intrusos.

A Borrell se la tienen guardada desde que dejó en estrepitoso ridículo a una de las estrellas mediáticas del soberanismo en una entrevista memorable en la que quedó procazmente al desnudo la ignorancia de la periodista y su posición tan impúdicamente alejada de la imparcialidad y el respeto a los hechos.

Esta es la actitud mantenida por los medios públicos catalanes, dominados desde arriba e invadidos desde abajo por gentes que militan abierta­mente, aunque no paguen las correspondientes cuotas a los partidos, en las formaciones independentistas.       Esto tampoco es de ayer, es de hace muchos años, aunque haya alcanzado ahora las cotas más altas de sectarismo partidario.

Sucede, sin embargo, que es obligación ineludible de un medio de comunicación que se sostiene con los impuestos de todos los ciudadanos catalanes el ofrecer a esos mismos ciudadanos una visión que se opone razonadamente a las pretensiones y a «las cuentas y los cuentos de la independencia», que es como se titula el libro de Borrell. Y que es denunciable públicamente la excusa esgrimida por la televisión pública según la cual es un libro político y «están muy cerca las elecciones». Precisamente por eso debería ser obligada una entrevista, y amplia, al ex ministro del PSOE.

Están tan cerca del libro de Borrell como lo está el montaje independentista preparado para la Diada del 11 de septiembre y que, si el recurso planteado por PP y C's ante la Junta Electoral no es atendido, esa cadena de televisión se propone transmitir con todo despliegue y con programas laterales que refuercen el mensaje de la lista única. Es es el comportamiento de los medios públicos catalanes, subvencionados con prodigalidad por un poder político que se cobra a reembolso los millones de euros en forma de una programación rigurosamente sometida a un estricto ideario: el que ha convertido en dogmas de fe las patrañas históricas, económicas y morales que el nacionalismo catalán ha conseguido fabricar e inocular, con el fervoroso apoyo de esos mismos medios, a una población desarmada a la que, por otra parte, nadie ha suministrado a tiempo y con el suficiente vigor los ar­gumentos que desmontaran con solvencia ese montaje. Borrell ha sido uno de los pocos que, desde dentro, se ha plantado frente a ese montaje armado con un libro lleno de argumentos imbatibles. Y, claro, en TV3 no hay sitio para él.


VICTORIA PREGO

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