dimarts, 8 de març de 2016

2534-EL HOMBRE ES EL ESTILO

Esta forma de pensar sigue latente en el discurso de Pablo Iglesias, pero poco a poco se va transmutando en una oratoria populista y agresiva, en la que las ideas son sustituidas por los eslóganes. Su dis­curso se enmarca en el cascarón vacío de lo políticamente correcto, asumiendo a la vez todos los tópicos históricos del mar­xismo e incorporando un elemento de provocación y radicalidad con el que in­tenta suplir su orfandad intelectual.
Como carece de argumentos sólidos y es incapaz de hilar un discurso político solvente, se dedica a insultar a Girauta, al que equipara con Millán-Astray, desprecia a Rivera, al que tacha de «jefe de escua­dra» falangista, reivindica la turbia figura de Puig Antich, anarquista ejecutado por matar a un policía en un tiroteo, y dice que Otegi es un «preso político».
Su proyecto ideológico queda de mani­fiesto cuando propone que los jueces juren fidelidad a su Movimiento, lo que recuer­da la ley nacionalsocialista que obligaba a magistrados, maestros y funcionarios a comprometerse con los principios del Ter­cer Reich. O cuando se autoadjudica una vicepresidencia desde la que pretende controlar el aparato del Estado.
Mientras le escuchaba el otro día en la tribuna del Congreso, me pareció estar viendo a Jacques-René Hébert en la Con­vención en 1793 cuando atacaba con saña a los girondinos y defendía su siniestra Ley de Sospechosos. Quién le iba a decir que poco después le aplicarían su propia medicina como «enemigo de la libertad» y que su cabeza caería bajo la guillotina.
Tras fingir moderación durante la cam­paña electoral, Iglesias ha sacado su ver­dadero rostro guerracivilista y cainita. Quiere reescribir la Historia y se arroga el derecho de repartir carnets de demó­crata, como le reprochó Pedro Sánchez.
Su lenguaje se ha vuelto crispado, into­lerante, lleno de descalificaciones al con­trario porque él se cree poseedor de la verdad absoluta. Quiere alcanzar el poder a toda costa y está empeñado en destruir el sistema para construir sobre sus ruinas.
Al igual que sucedió en la Revolución Francesa, pretende amedrentar a sus ad­versarios desde un nuevo Comité de Salud Pública, que él llama de forma eufemísti- ca Secretaría de Estado de lucha contra la Corrupción y el Crimen Organizado, que dependería de su vicepresidencia.
Decía mi admirado De Buffon que el hombre es el estilo. Pues eso, Iglesias es su estilo. El lenguaje le delata.

PEDRO  G. CUARTANGO

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