dimecres, 9 de març de 2016

2536-LA FACCIÓN CERRIL DEL PP

Las reuniones secretas dan mucho juego. No hay nada más morboso que una «reunión secreta» entre dos políticos de distinto signo, y no digamos ya si se trata de personas tan alejadas y de mundos tan opuestos como Oriol Junqueras y Luis de Guindos, la Generalitat y el Gobierno de España.
El líder del PP de Cataluña, Xavier García Albiol, no tardó ayer en salir a la palestra pa­ra denunciar el encuentro que mantuvieron el consejero de Economía y Hacienda del Go­bierno catalán y el titular de Economía del Gobierno central... en un lugar tan poco dis­creto para una cita secreta como la sala de autoridades del Aeropuerto de Barcelona.
El encuentro, que estaba en la agenda de los dos políticos, no tiene nada de ex­traordinario. Junqueras telefoneó a Guin­dos y le pidió una entrevista para tratar de la difícil situación financiera por la que atraviesa la Generalitat.
La agencia de evaluación de riesgos Stan­dard & Poor's había informado a la Genera­litat de su intención de rebajar aún más la calificación de su deuda, que ya fue situada en el nivel de «bono basura» (BB-) el pasado mes de octubre. El Gobierno catalán está pa­gando muy cara su aventura independentista y cada vez tiene más difícil encontrar fi­nanciación, al margen de la que recibe del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), es de­cir, del Estado español.
Al mismo tiempo, los bancos están apre­tando el dogal a la Generalitat, que sufre pa­ra devolver su elevada deuda.
En definitiva, se trataba de una llamada de auxilio. Guindos estuvo reunido con Junqueras durante 40 minutos y se com­prometió a ayudar a la Generalitat a salvar el match ball frente a Standard & Poor's. Eso significa que el departamento de Eco­nomía y Hacienda catalán ha ganado 15 dí­as para renegociar su deuda a corto plazo con los bancos y, de esa forma, poder ofre­cer, si logra un acuerdo, una cara más pre­sentable frente a la agencia de calificación y quedarse en el escalón de «bono basura» sin caer al abismo.
García Albiol acusó ayer al ministro de haber «caído en la trampa» de la Generali­tat. Probablemente sin saber que Guindos acudió a la cita con el visto bueno del pre­sidente del Gobierno.
El líder del PP catalán no ha entendido que Cataluña sigue siendo España, una parte importante de España, y que todo lo que le atañe acaba, finalmente, afec­tando al Estado español.
Si Cataluña empeora su calificación de deuda eso no es bueno para España. Y por ello, el ministro de Economía no sólo puede, sino que está obligado a hacer todo lo posi­ble para que eso no suceda.
El Gobierno tiene que impedir que se in­cumpla la ley y llevar al Tribunal Constitucio­nal todo aquello que considere que vulnera nuestra Ley Fundamental (por ejemplo, las llamadas «normas de desenganche»), Pero eso es una cosa y otra muy distinta desaten­der las obligaciones que se tienen con la esta­bilidad financiera del Gobierno autonómico.
La batalla contra el independentismo no se gana desde la obcecación, sino desde la racionalidad. Y en el PP hay un sector que todavía no ha entendido que la Generalitat forma parte del Estado y que el catalán es una de las lenguas oficiales del Estado espa­ñol. Por ello, algunos diputados populares abuchearon a Albert Rivera cuando habló en catalán durante unos segundos en el de­bate de investidura.
Son precisamente los miembros de esa facción cerril los mejores aliados del inde­pendentismo.

CASIMIRO GARCIA-ABADILLLO

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