dimarts, 29 de març de 2016

2587-LOS LÍMITES INFRANQUEABLES DE LA DISCREPANCIA

EL DRAMATURGO y fundador de Els Joglars, Albert Boadella ya no sabe cómo evitar los daños continuos que sufre en su propie­dad, en el municipio de Jafre, en Girona. Los últimos que ha regis­trado en la finca han sido la tala de tres cipreses. Más allá de la de­nuncia policial que ha efectuado, ha instalado un cartel en el muro de su residencia, donde pide res­peto por la discrepancia ideológi­ca con una denuncia al pensa­miento único. Boadella se sabe víctima de la intolerancia, más allá del gamberrismo que implica el asalto.

Su municipio se acogió a la declaración de independencia como hicieron otros muchos en plena deriva secesionista en Ca­taluñay a su alcaldesa se ha di­rigido, sin éxito, para ver si pue­de encontrar alguna forma de frenar este atropello continuo.


La discrepancia no sólo es le­gítima, sino que enriquece la re­flexión, el debate y ayuda a las sociedades a tirar adelante. Sólo con la confrontación de ideas se avanza. Pero todo debate ideoló­gico debe de mantenerse en un terreno de juego, el de los cana­les establecidos para expresar la opinión, que son muchos y po­drían acomodar a cualquiera. Desde una manifestación hasta una votación, pasando por las iniciativas parlamentarias o polí­ticas que se plantean en las dis­tintas administraciones. La vio­lencia y la intimidación que con­llevan nunca deben tolerarse ni ampararse.

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