dijous, 1 d’octubre de 2015

2065-ALTA COMO LA LUNA

Un senador italiano comparó la corte de Luxemburgo con la de Heliogábalo y no por los placeres sino por su dominio so­bre las provincias (significa vencidas). Los catalanes han olvidado que en las cortes de Luxemburgo, Estrasburgo y Bruselas, se administran los sueños y los dineros del continente. Ni quieren entender que hay una nue­va metrópoli ni que los enemigos de la independencia de Ca­taluña no están sólo en España, sino en la clase dirigente de una unión que aborrece a los xenófobos, los neonazis, los que prendieron Europa, destruyéndola.
En Bruselas han seguido el desplome del plebiscito y ahora descubren que nos tememos aún más que nos odiamos, y que en enero volveremos a firmar una relación sucia, cobarde y sadomasoquista para unos años. Ése es el mejor escenario y a ser posible que el interlocutor sea Artur Mas; los otros son peores.
Mas acusa al Gobierno de Madrid de adoptar una postura ra­biosa y empieza a recular diciendo que no desobedeció, que fue una rebelión democrática. Un político de la corriente socialista -detesta la postura de sus compañeros en España- me dice: «Lo grotesco es que Mas, corrupto y derrotado, es el mejor interlo­cutor porque la burguesía no quiere la independencia». Un fun­cionario de las altas instancias declara: «La cuestión catalana se ha seguido con relativo interés desde Bruselas mientras la es­cocesa se siguió con verdadero desvelo». ¿Por qué esa diferen­cia?, le pregunto, «porque la incredulidad domina en el caso ca­talán: nadie ve factible el ordago soberanista por vías ilegales».
A los españoles de Bruselas les cuesta creer que en pleno siglo XXI se plantee, en un Estado democrático pacífico, una secesión contraria al orden constitucional. Lo peor es la cobar­día y el sentido de culpa de los políticos constitucionalistas y el pánico que les ha entrado a que puedan chapar a Mas. El político catalán ha declarado: «No tengo vocación de héroe, ni de mártir». Es cierto: ni tiene vocación de héroe, ni empaque de mártir. «Hemos tenido suerte de que el que encabeza el desorden sea, como han dicho, un maniquí -significa hombre pe­queño-, un traficante de escaños, el último mono de la famiglia». Los héroes de las in­dependencias suelen ser seres carismáticos que galvanizan las voluntades. Ni Mas ni Junqueras se merecerían nunca poemas de Yeats. Ahora sería un absurdo que siguieran, porque han perdido el suce­dáneo de referéndum y han tenido suerte, porque si las elec­ciones del 27-S hubiesen sido un referéndum legal, la cuestión estaría zanjada para dos generaciones, como en Escocia.
La corte de Bruselas mira asombrada cómo se desbordaron las masas infantilizadas. Tenía razón Renán: «Lo que constitu­ye una nación no es la lengua ni el grupo étnico, sino los mitos del pasado». Los amotinados han logrado reescribir, catalanzándola, aquella canción de coro y recreo que entonaron los niños durante dos siglos en España: «Quisiera ser tan alta co­mo la Luna, como la Luna, para ver a los soldados de Catalu­ña». ¡Pero si los soldados eran mesetarios y el tamborilero de Bruch defendía España!


RAÚL DEL POZO

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