dijous, 3 de desembre de 2015

2259-RIVERA, ÁRBITRO DE LA SITUACIÓN

ES CIERTO que las cosas suelen cambiar. Y que la campaña electoral o algún aconte­cimiento inesperado podrían trastocar las previsiones de las encuestas. La democra­cia española no había conocido una situa­ción tan fluida e inestable como la actual. Estamos lejos de los idus de mareo pero al­gunos escuchan ya cómo graznan los gan­sos del Capitolio.

Hay algo, sin embargo, que parece ina­movible: que Albert Rivera será el árbitro de la política española. Cuando el joven lí­der todavía estaba en agraz publiqué en es­te periódico el pasado 9 de junio un artícu­lo titulado La solución Rivera. Las encues­tas, desiguales según el deseo del medio que las encarga, coinciden ahora en insta­lar a Ciudadanos en la bisagra del arco parlamentario. Es lo que intentó Roca, lo que pretendió Garrigues, a lo que aspiró Rosa Diez, el sueño de Adolfo Suárez cuando, tras ser delicadamente escabecha­do en UCD, fundó el CDS para ocupar el centro y jugar con las cartas marcadas a iz­quierda o a derecha.

Salvo circunstancias imposibles de pre­ver, parece claro que el Partido Popular no podrá conservar el poder sin los escaños de Albert Rivera. La factura que deberán pagar los populares será alta en todo caso, que se lo pregunten a Cristina Cifúentes. Si el partido se quedara en el entorno de los 120 escaños, rodará la cabeza de Mariano Rajoy en medio del regocijo de no pocos de sus partidarios que tanto incienso han que­mado en su loor.

Suponiendo que el PSOE no se desplo­me y que sortee a los augures de la catás­trofe, Albert Rivera, con la adenda de es­caños rebañados en Canarias, Cantabria y otros pagos, podría ungir a Pedro Sán­chez y permitir que los socialistas recupe­raran el poder, fuego sin llamas, aunque fuera en la precariedad. No se puede des­cartar la fórmula, vigente ya en Andalu­cía y con éxito notable. Un PSOE moderado por Ciudadanos es lo que desea el dinero español y también la apuesta de una gran potencia internacional. No pa­rece probable la fórmula pero tampoco resulta imposible. En el juego de las especulaciones toda­vía queda una carta insospechada: que Al­bert Rivera derrote a Pedro Sánchez y se produzca el sorpasso de Ciudadanos sobre el PSOE.

Eso significaría que el joven líder podría aspirar a convertirse en presidente del Gobierno. En su partido es lo que mu­chos vaticinan. Árbitro para dar o quitar el poder al PP árbitro para encumbrar o hun­dir al PSOE, resulta que, conforme a algu­nas encuestas, Albert Rivera podría aspirar a ocupar una presidencia de centro izquier­da, al sobrepasar en escaños al PSOE. Una buena parte de los ciudadanos es­pañoles que andan asqueados de la tábida política que padecemos, se dedica ahora en las sobremesas de almuerzos y cenas, en el café y en el trabajo, a especular sobre la incierta situación anunciada por las en­cuestas más solventes. Lo que pasa es que el fruto sano se zocatea enseguida cuando se encuentra al lado del que está cedizo. Y España camina tal vez a la regeneración, ojalá sea así, pero quizá a la integración de las nuevas agrupaciones en un sistema ca­da día más agotado y corrompido. La sabi­duría popular se expresó a las claras en un cartel exhibido en Sevilla: «Ciudadanos y Podemos, bonitos motes, nuevos grupos que intentan chupar del bote».


Luis María Anson

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