dimecres, 6 de gener de 2016

2363-LOS CUATRO ERRORES GARRAFALES DEARTURMAS

LOS CATALANES serán llamados a votar de nuevo el próximo 6 de marzo de no producirse un milagro antes de la medianoche del domin­go, hora en la que expira el plazo para investir a un candidato.
Así lo dejó claro ayer Artur Mas en una com­parecencia ante los medios, en la que anunció que habrá nuevas elecciones si la CUP no rectifica y decide apoyarle como presidente de la Generalitat. Mas insistió en que él ya no va a nego­ciar nada con la formación anticapitalista, a la que acusó de haber antepuesto su ideología ra­dical a los intereses de Cataluña.
La intervención del líder de CDC se produjo horas después de que Oriol Junqueras, presi­dente de ERC, hiciera un llamamiento casi dra­mático para volver a la negociación con la CUP y evitar unos nuevos comicios. Mas se mostró tajante: no va a hacer ninguna oferta ni va a mover un solo dedo para que la CUP cambie de posición. Ello muestra la fractura con sus socios en Junts pel Sí, que se ha ido agrandando en las últimas semanas.
Su estrategia no sólo aboca a la convocatoria de elecciones, como él mismo reconoció, sino que además intenta culpabilizar a la CUP, a la que reprochó ser una pequeña minoría «revolu­cionaria» que quiere imponer su voluntad a la sociedad catalana.
Mas subrayó que a la CUP le ha importado «el quién», que, según él, era lo de menos, y ha des­preciado «el por qué, el cómo y el cuándo», acha­cando su falta de apoyo a su carencia de compro­miso con Cataluña y su sectarismo político.
El análisis del presidente en funciones de la Generalitat es totalmente sesgado y falaz, por­que él es el único responsable de la situación. Fue Mas quien tomó la decisión de convocar unas elecciones plebiscitarias, en las que pidió a los ciudadanos una amplia mayoría para po­der seguir la hoja de ruta que llevaba a la inde­pendencia. Los resultados fueron mucho peo­res de lo que esperaba y los votos de los parti­dos independentistas quedaron por debajo de los que no lo eran.
De aquí viene el primer error de los cuatro garrafales que ha cometido desde el pasado 27 de septiembre y que explican por qué Cataluña ha llegado a una situación de ingobernabilidad. Esa equivocación es la mala lectura de los re­sultados, que Mas presentó como un gran triun­fo. El líder del CDC aseguró que contaba con la mayoría suficiente para desconectar con Espa­ña, creando unas expectativas que no podía cumplir porque necesitaba los 10 escaños de la CUP. Resulta imposible emprender un proceso de ese calado con tan exigua mayoría y con tan­ta falta de sustento social.
El segundo error fue la propia negociación con la CUP a la que se le hicieron concesiones desmesuradas para conseguir su respaldo. El propio Mas las enumeró ayer: declaración inde- pendentista del 9 de noviembre, una nueva es­tructura de Gobierno, plan de choque social cuestión de confianza a los 10 meses e inicio de un proceso constituyente inmediato.
La CUP se siguió manteniendo en el veto a Mas, que ayer afirmó literalmente que la presi­dencia de la Generalitat «no es una subasta de pescado». Eso es lo que él ha hecho en estos tres meses: pujar para mantenerse en el poder.
Éste ha sido su tercer error porque ha demos­trado -contra lo que proclama- que lo único im­portante para él es seguir en su cargo. Junqueras le pidió sin mencionarle un gesto de generosidad para evitar las elecciones. Mas dejó claro que eso no se le pasa por la cabe­za. Él va a optar a revali­dar su mandato como ca­beza de lista de CDC, de Junts pel Sí o de alguna nueva marca que ya esta­rá fraguando en su cabe­za. Prefiere que la causa que defiende se hunda antes que renunciar vo­luntariamente a su poder.
Y el cuarto error, el más grave, fue la declara­ción independentista aprobada por el Parlament, que suponía un abierto desafío al Estado y una incitación a deso­bedecer las leyes, algo que mostró a Europa y a la comunidad interna­cional la verdadera naturaleza de su proyecto. Ningún gobernante democrático hubiera incurri­do en una conducta como ésta, que le descalifi­ca incluso entre sus seguidores menos sectarios.

Todo esto es ya agua pasada, pero debe que­dar constancia de que han sido sus graves erro­res los que han llevado a Cataluña a esta situa­ción de fractura social y de ingobernabilidad. Só­lo cabe desear que las urnas le hagan justicia.

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