dimecres, 6 de gener de 2016

2365-JUNQUERAS, EL NUEVO 'ASTUT'

El esperpento no ha acabado todavía. Ya ha dicho Oriol Junqueras que quedan cinco dí­as, contando el de hoy, para evitar lo que a él le parece un riesgo grave, y vaya si lo es pa­ra sus propósitos: la convocatoria de nuevas elecciones en Cataluña. Efectivamente, el peligro cierto que corren quienes han enca­bezado el delirio independentista es que la población se quede en su casa el día de las urnas. Porque lo que nadie discutirá a estas alturas es que la gente está harta de tanta convocatoria «histórica» y estragada de tan­to llamamiento a viajar a Itaca después de haber comprobado que todo lo que han he­cho hasta ahora no ha sido sino avanzar en un lodazal de crisis sucesivas, de incertidumbres y de humillaciones sin cuento a cargo de la más alta de sus instituciones, que es la Generalitat, ocupada por quien se ha con­vertido en una piltrafa política mendicante y finalmente despreciada.
Con ese panorama, que sólo los muy en­tusiastas y los definitivamente ciegos pueden ser incapaces de apreciar, no tendría nada de raro que la participación en estas re-elecciones bajara varios puntos. Y, si ya en pleno éxtasis del independentismo ante la trola de la Tierra Prometida, sus adalides no logra­ron arrancar de los votantes catalanes ni si­quiera el 48% del apoyo, ya se puede hacer Junqueras una idea de lo que van a poder sacar de ese pozo en unas elecciones repeti­das y después del lamentable espectáculo ofrecido desde el 27 de septiembre hasta hoy. Es decir, que la opción soberanista que­dará herida de muerte a plazo fijo y no por­que sea una opción inviable por ilegal y con­traria a todo Estado de Derecho, que tam­bién y desde siempre, sino porque encima no va a contar ni siquiera con un porcentaje de votos que les evite a los líderes políticos del procés bajar la cabeza de pura vergüenza para no volverla a levantar en va­rias décadas.
Por eso quiere Oriol Junqueras que se siga ne­gociando durante los días que aún quedan, porque sabe que su apuesta está inexorablemente destina­da a fracasar si se llega al día 10 sin un acuerdo que intente salvar los mue­bles que aún quedan de lo que es ya un naufragio en toda regla. Y eso a pe­sar de que es consciente de que él sería el más be­neficiado electoralmente de unos comicios en los que no cabe ninguna du­da de que ERC acudiría sola, libre ya de su víncu­lo letal con una Convergéncia cuyo único destino es la muerte por consunción.
Pero Junqueras guarda otra carta en la manga que ayer, en su comparecencia ante la prensa, procuró mantener oculta, aunque le es imposible guardarla porque todo el mundo la conoce: la posibilidad de que el acuerdo de último minuto por el que clama con vehemencia sea su ascensión como candidato a la Presidencia de la Generalitat. Ése es el escenario que más le conviene a él y a su partido y que no debemos des­cartar antes de que Artur Mas, o la sombra del que fue, hable hoy y desvele sus planes inmediatos. Si Mas se retira, la jugada le habrá salido a pedir de boca a Junqueras porque se habrá quitado de encima sin des­peinarse a quien es un peso muerto políti­camente, cercado por la corrupción y por los tribunales, y se le abrirán las puertas para intentar sacar adelante la maltrecha apuesta soberanista. Y aquí ya daría lo mis­mo que fuera él el propuesto o lo fuera Romeva porque el poder efectivo lo ejercería el líder de ERC, a quien las exigencias de los ultra izquierdistas de la CUP le resultan mucho más digeribles -a él y a sus votan­tes- de lo que lo eran para la base tradicio­nal de la antigua CiU, en las antípodas ideológicas de ese partido antisistema.
Así que atentos porque, aunque parezca mentira, el show no ha terminado todavía.

VICTORIA PREGO

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