dijous, 7 de gener de 2016

2368-CATALUÑA, GANADORES Y PERDEDORES

Sólo dos hipotéticos escenarios evitarían la repetición de elecciones en Cataluña: un tamayazo, lo que equivaldría a que alguno de los miembros de la CUP decidiera, en contra de lo acordado por la cúpula del grupo, votar a favor de investir a Mas; o bien, que éste de­cidiera sacrificarse en pos del procés y dejara que Junqueras o Romeva ocupasen su lugar.
Aunque el alocamiento que ha alcanza­do la situación política en Cataluña hace posible cualquier cosa, esas dos opciones no tienen muchas posibilidades de con­vertirse en realidad. La primera por mie­do, la segunda por egoísmo.
En el caso de que, en efecto, ocurra lo más probable -lo que en sí mismo sería una nove­dad- y haya elecciones el (6 de marzo, ¿quién gana y quién pierde?
Empecemos por los ganadores:
Con toda seguridad, la coalición que resultó vencedora en las elec­ciones generales en Cataluña volverá a repe­tir la fórmula, con o sin Ada Colau como ca­beza de lista. Es muy probable que superase el 25% de los votos y que se convirtiera en la primera fuerza política catalana. Esta coali­ción aparece como la mejor apuesta de cam­bio y se beneficiaría del desgaste de la CUP También podría robarle votos a los sectores más soberanistas del PSC al defender un re­feréndum de autodeterminación desde plan­teamientos de izquierda.
El partido de Junqueras, ahora engu­llido en Junts Pel Sí, irá en solitario a te elec­ciones del mes de marzo, confiando en supe­rar en votos a lo que quede de Convergéncia, como ya sucedió en las elecciones generales. Los republicanos se convertirán así en el má­ximo referente del independentismo.
Antes de contabilizar a los perdedores, hay que situar en un terreno neutro a los dos grandes partidos nacionales. Aunque es pro­bable que el PP (al que votó el 8,5% en sep­tiembre) pueda mejorar un poco y que el PSC (que tuvo el respaldo del 12,72%) sufra el efecto del voto útil hacia la coalición Colau-lglesias, lo más seguro es que ambos par­tidos se muevan en porcentajes muy pareci­dos a los obtenidos el 27-S. El que lo tiene más difícil para repetir es Ciudadanos, que lo­gró convertirse en el partido de la oposición en el Parlament (25 escaños con el 17,9% de los votos). Las elecciones de marzo serán una prueba de fuego para comprobar la fortaleza del tándem Rivera/Arrimadas.
Los más claros perdedores en unas nuevas elecciones serían:
 El hecho de que haya que con­vocar nuevos comicios es la prueba evidente del fracaso del presidente en funciones de la Generalitat. Mas ha sido incapaz de consoli­dar un frente independentista, tras dilapidar su ya escaso crédito en una negociación con un grupo antisistema ante el que práctica­mente lo ha cedido todo, excepto su cargo, naturalmente. Sus posibilidades para ser la cabeza visible del independentismo en los próximos comicios son nulas.
El partido creado por Jordi Pujol -aunque se presentara con otro nom­bre, como hizo en las generales- acudiría mo­ribundo a las urnas. Tras echarse en brazos de ERC para conformar Junts Pel Sí y haber destruido la alianza histórica con Unió, Convergéncia ha perdido su perfil de partido cen­trista, representante de una burguesía catala­nista no rupturista. El descalabro político, ba­jo la dirección de Mas, y la corrupción, con la familia Pujol como máximo exponente, si­túan al partido que mayor influencia ha teni­do en la vida política catalana en los últimos 40 años al borde de la desaparición.
Será muy difícil que los anticapitalis­tas repitan los resultados del 27-S. La divi­sión al 50% en la asamblea de Sabadell, en la que se debatió sobre el apoyo a la investi­dura de Mas, muestra la falta de cohesión de un conglomerado cuyas dos almas ahora po­drán elegir entre una opción netamente soberanista (ERC) y otra de izquierda radical (En Comú Podem) con posibilidades reales de formar gobierno. La dimisión de Baños y las protestas de Poble Lliure (uno de los par­tidos integrantes de la CUP) muestran la profundidad de la sima abierta tras el no a Mas. Después de los comicios de marzo, la CUP dejará de un grupo decisivo y su única alternativa será la de unirse a una coalición de independentistas y populistas.

Los ciudadanos de Catalu­ña han visto con perplejidad cómo se han per­dido seis meses (en realidad serían más de tres años, ya que el Gobierno de Mas podría considerarse como un paréntesis) en un eco­nómico momento crucial. La deslocalización de empresas se ha acelerado, las inversiones continúan paralizadas y el déficit público si­gue descontrolado. Es muy probable que el voto de castigo de los catalanes se transforme en un aumento de la abstención.

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