dimecres, 13 de gener de 2016

2387-EL GOBIERNO REFRENDA QUE EL REY NO RECIBA A FORCADELL

El día en que las fuerzas naciona­listas emprendían una campaña contra el Rey a propósito de la de­cisión de no recibir en audiencia a la presidenta del Parlament, el Gobierno refrendaba abiertamen­te la actuación de la Casa.
Primero, en boca del ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, que en declaraciones a es­te diario aseguró: «Estoy plena­mente convencido de que el Rey ha actuado como debía». Según el Notario Mayor del Reino, «Feli­pe VI ha cumplido estrictamente con su función constitucional al nombrar al presidente de la Ge- neralitat investido». Según insis­tía, recibir en audiencia al presi­dente de la Asamblea legislativa de Cataluña para cumplir con es­te trámite «era una costumbre, pero no una obligación»; y si algo ha hecho el Monarca en este caso es «cumplir estrictamente con su obligación».
Por otra parte, fuentes del mis­mo Ejecutivo en funciones admi­tían, además, el acierto que a su juicio había supuesto la decisión de «no dar bolilla» a unas institu­ciones -el Parlament y el nuevo Govern- que han hecho gala des­de su constitución, tanto del inde- pendentismo como de su republi­canismo; y no sólo como seña de identidad sino como auténtica hoja de ruta.
Según las mismas fuentes, una cosa es cumplir con los trámites -sobre los que ni el Ejecutivo ni la Casa tienen dudas, pese a la natu­raleza de las nuevas instituciones catalanas-, y otra bien distinta, te­ner hacia ellas la «deferencia» es decir, el respeto, la cortesía y has­ta la condescendencia- que repre­senta un encuentro presencial. Éste era, de hecho, el sentido que la Casa dio en el pasado a las sin­gulares audiencias a los presiden­tes de las Cámaras regionales de Cataluña y el País Vasco.
Y es que, como comentaba un ex barón popular a este diario, «al presidente del Parlamento de mi Comunidad nunca se le habría ocurrido pedir una audiencia a su Majestad para comunicar mi in­vestidura». «El caso de Cataluña y País Vasco siempre fue una ex­cepción por razones obvias», aña­día, «que ha perdido su sentido una vez que se ha roto el anterior clima de lealtad institucional».
El acuerdo en torno a la no ce­lebración de la audiencia en La Zarzuela era ayer bastante gene­ralizado en el entorno más próxi­mo al Ejecutivo, si bien hubo quien habría preferido que el Monarca hubiera optado por al­guna fórmula intermedia, como atender la petición de Forcadell precisamente para evitar el posible desaire , en su despacho sin cámaras  de por medio. Y es que los populares  están convencidos  de que Forcadell  buscaba  una instrumentalización  de la audiencia  a favor de sus propósitos. Lejos de alimentar la polémica generada ayer por los nacionalis­tas, desde la propia Jefatura del Estado se retrotraían ayer a la in­formación suministrada la víspe­ra, según la cual, el secretario ge­neral de la Casa se limitó a infor­mar al Parlament y a cumplir con el trámite constitucional, sin otras consideraciones.
En su escrúpulo institucional, la Corona no aclaraba ayer si la decisión había sido consensuada con el Gobierno -tampoco acce­dió a hacerlo el Ejecutivo-, pero ninguna de las fuentes consulta­das dudaba del sello exclusivo de La Moncloa tras la escueta despe­dida de Artur Mas en el BOE: «Vengo a declarar», rezaba el tex­to del Real Decreto de Presiden­cia, «el cese de Don Artur Mas como presidente de la Generalitat de Cataluña», obviando, de manera notoria, el tradicional agradecimiento a los servicios prestados por el ex alto cargo.

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA

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