dilluns, 11 de gener de 2016

2382-EL PUCHERAZO

LA NEGOCIACIÓN entre Juntos y Revueltos y la CUP produjo monstruos, como era de es­perar. El increíble hombre menguante expli­có la cuestión en términos simples, ¿en qué otros podría hacerlo? «Lo que las urnas no nos han dado directamente ha habido que corregirlo a través de la negociación». El Par­lamento de Cataluña materializó un puche­razo (escudella i carn d'olla): el cambio de los resultados del 27 de septiembre. JpS ha pasado de tener 62 escaños a 64. Dos diputa­dos de la CUP seguirán a partir de ahora la disciplina de voto de su nuevo partido. Dos antisistema se pasaron con el escaño puesto a un grupo distinto de aquel con el que se los habían ganado con los votos ciudadanos.
Otros dos parlamentarios tendrán que di­mitir, por díscolos. Sin voto revocatorio, que diría Iglesias, sin que sus votantes ha­yan podido expresarse sobre el tema, sin convocar una de esas vistosas asambleas de empate a 1.515. Urge la introducción de la segunda vuelta en el sistema electoral es­pañol para impedir chapuzas como estas.
El tercero por Gerona empezó aplaudien­do la «dignidad» (sic) del cuarto por Barcelo­na, no hay quién dé más. Ya tenía uno acuña­da la locución del futuro: «Ser más tonto que Mas, que se dejó quitar tres veces la merien­da y las tres se la quitaron los mismos». Tras la tercera vez, los robameriendas de ERC no han demostrado ser mucho más listos. En 2003, la Esquerra se la robó para dársela a Maragall, habiendo sido Mas el candidato más votado. En 2006 y en la misma lógica, ERC volvió a ¡y se la dio a Montilla! Uno creía, y aquí está su error, que en 2015 iban a repetir la jugada para quedársela por fin ellos mismos, hacer presidente a Junqueras, ese Alain Delon con ADN francés. Han opta­do en cambio por un convergente montaraz por partida doble en su apellido, Carlos Puigdemont, un símbolo claro de la huida de la ciudad en busca de lo rural, agreste y arris­cado. Junts pel Sí podría pasar a llamarse La Montaña, como el grupo de Danton, Marat y Robespierre en la Asamblea de la Revolución francesa, no diré más.
Yo habría preferido a Gabriel Rufián, las cosas como son. No fue posible porque lo en­viaron al Congreso en lugar de presentarlo al Parlamento catalán, pero haber investido a un honorable Rufián habría constituido un acto de justicia literaria indiscutible en la Ca­taluña de hoy, qué descripción.
Puig de Mont, Monte, del Monte, es el que mejor representa a la Cataluña irredenta, ul ul­tramontana ya desde el nombre de su pri­mer mandatario, que hace tres años remató un discurso en la ANC con la cita de un abuelo, el de la biógrafa Rahola: «Los inva­sores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron en Bélgica». El candidato se ratifi­có. Dos errores: haber considerado que la burricie no es compatible con la condición de fusilado por Franco. Carles Rahola fue uno de tantos catalanes que consideran que la Guerra Civil no fue tal en Cataluña, sino una invasión de fascistas. Puigdemont siguió en lo mismo: la creencia que el fascismo es un mal castellano, ausente del corazón de los catalanes. No se habrá asomado a la he­meroteca de La Vanguardia.
El honorable ultramontano anuncia su in­tención de seguir por la vía legalmente cega­da del 9-N. Una ventaja tiene el estado actual de la cuestión. Al presidente del Gobierno, aun en funciones, sólo le queda el camino que anunció anoche, aplicar la ley cuando se con­culque, porque el Estado está y debe estar en plena vigencia. Y Sánchez va a tener su mayo­ría como su diálogo, un poco más difícil.

SANTIAGO GONZALEZ

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