dimarts, 19 de gener de 2016

2406-DE RODILLAS ANTE EL CHANTAJE

Si lo que aseguran los miembros de la CUP llegara a hacerse rea­lidad, estaríamos ante la demos­tración más escandalosa de que el sometimiento del Gobierno ca­talán es, a la vista del público, un chantaje en toda regla. Y eso que el astuto Artur Mas intentó colar ante la opinión pública la milonga de que su retirada suponía también la derrota y el desarme de la formación antisistema. Pe­ro ya se ve que de eso nada.
La consejera de Presidencia de la Generalitat, Neus Munté ha reconocido de manera ver­gonzante que su Gobierno está «predispuesto» a retirarse como acusación en los procesos judi­ciales abiertos contra alrededor de 40 activistas violentos impli­cados en graves disturbios calle­jeros, aunque, claro, se ha visto obligada a decir que esa predis­posición se mantendrá «siempre que no haya una lesión o un me­nosprecio de los funcionarios y los bienes públicos».
Pero es que un bien público es precisamente el or­den público, perdóneseme la repeti­ción,  que es lo que estos agresores de la exigible tranqui­lidad en las calles y en las insti­tuciones han roto de manera violenta y coordinada en repe­tidas ocasiones.
Y un bien público es también, aunque a muchos nos parezca en este caso preciso un mal pú­blico espantoso, el propio presi­dente de la Generalitat. Y sucede que entre los procesos judiciales abiertos está el que va a juzgar a quienes participaron en la con­centración de diciembre de 2011 en la Universidad de Gerona pa­ra boicotear la presencia de Mas en un acto. Los individuos echa­ron abajo una puerta metálica a golpes y hubo varios heridos. Tres meses después se produje­ron en las calles de Barcelona unos disturbios muy violentos en los que se quemaron contenedo­res y se incendió un local de la cadena Starbucks. Y estos que se recuerdan aquí sólo son dos de los siete casos en los que la Generalitat está dispuesta a reti­rarse de la acusación por la vía penal y la vía civil.
¿Por qué hacen los responsa­bles políticos catalanes esta es­candalosa dejación de sus obli­gaciones como gobernantes y garantes, por tanto, del manteni­miento del orden público y del respeto a las normas? Porque lo han firmado en ese acta de capi­tulación que los de Juntos pel Si se tra­garon hasta la bola para intentar que los anticapitalistas aceptaran a Mas como presidente. Pero ahora Mas está fuera del Parla­mento y el trágala que les impuso la CUP está vi­gente y en pleno vigor.
E, inde­pendientemente de que estos episodios confirmen cada día la indigencia política del Gobierno de la Generalitat y su genuflexa dependencia de los de la CUP, lo que hay que subrayar aquí con escándalo es la abdicación de una, otra más, de sus mu­chas responsabilidades abando­nadas en favor de esa alucina­ción irrealizable que es el cami­no de la independencia.

VICTORIA PREGO

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