dijous, 14 de gener de 2016

2391-PUIGDEMONT NO LLENA

Qué lejos queda aquel 20 de septiembre de 2012 en el que más de 4.000 personas aba­rrotaron la plaza Sant Jaume para espolear a Artur Mas y convencerlo de que, negado el pacto fiscal, la única salida era comenzar a caminar hacia la independencia. Quizás la interminable concatenación de días históri­cos ha acabado por hastiar a la masa soberanista. Quizás Caries Puigdemont no goce del tirón de su antecesor. O quizás la suma de ambos factores sea la que explique el de­sinterés con el que los catalanes vivieron ayer en la calle la toma de posesión del pre­sidente de la Generalitat escogido para la tan viable misión de romper con España en 18 meses. Sonrojante resultaría ya comparar la afluencia del público ayer congregado -400 personas a lo sumo- con el que el pasado mes de julio llevó en volandas a Ada Colau en su investidura como alcaldesa de Barce­lona. ¿Un síntoma de lo que hubiera ocurri­do en las elecciones de marzo?
En una tarde desangelada tomó las rien­das Puigdemont, tras ser recibido por unas pocas estelades, sus entregados vecinos de Amer y una rojigualda que se empeñaba en desentonar mientras su portador la alzaba a varios metros de altura y clamaba: «Somos el 52%, no nos toméis por imbéciles». Aho­gada quedó su consigna entre los mismos abucheos que acompañaron a Jorge Fernán­dez Díaz y María de los Llanos de Luna a su llegada a la Generalitat. El ministro del Inte­rior se afanó en departir con Oriol Junque­ras entre chascarrillos y en despedir con un rostro algo más desencajado a Carme Forcadell, después de que la presidenta del Parlament inventara una fórmula ilegal para nom­brar al nuevo president. Leer sus labios re­sultó tan imposible como augurar el final del procés. Sólo un «vas muy guapa» pudo des­cifrarse. Se lo dedicaría la delegada del Go­bierno a la ex presidenta de la ANC mientras ésta le señalaba con dedo acusador.
La corrección se impuso a la tensión y las presencias a las ausencias. Colau -que faltó al pleno de investidura del pasado domingo- sí acudió a la cita, también lo hicieron los ex presidentes socialistas Pasqual Maragall y José Montilla; Miquel Iceta, Lluís Rabell o los diputados de la CUP Albert Botran, Eulalia Reguant y Gabriela Serra. Ni rastro de Anna Gabriel y su camiseta zapatista, tampoco de la jefa de la oposición, Inés Arrimadas, ni del popular Xavier García Albiol. Esta fiesta no iba con ellos. Ni con  otros muchos.

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