dimarts, 3 de novembre de 2015

2165-DE LÁGRIMAS Y DETENCIONES

LLAMO A un amigo escritor catalán que vive en Barcelona. A veces llamo a amigos que vi­ven en Barcelona, porque desde que resido en Madrid entiendo muy mal las cosas que suce­den en mi ciudad. O parece que las entiendo mal.
Mi amigo y yo ya hemos tenido algunas con­versaciones sobre el hecho de que Artur Mas, un señor investigado por corrupción, cabeza de un partido investigado por corrupción, sucesor del «gran timonel», corrupto confeso, esté liderando «el cambio» y «el proceso» hacia la inde­pendencia, hacia un «nuevo modelo» basado en elevados valores etcétera.
-No me dirás ahora que las detenciones del tesorero y de los empresarios también son una estrategia “españolista” para criminalizar el proceso de independencia catalán y el liderazgo de Artur Mas. -Le hablo así porque esta ar­gumentación ya me la he oído alguna vez.
-Por ahora lo único probado es que el Esta­do español ha actuado contra un acto profun­damente democrático como es consultar a la población sobre lo que opina. Y que amenaza con restringir los derechos de Cataluña.
-Hombre, también está probado que Jordi Pujol se llevó la pasta. Y que el tesorero y sus compinches trituraron papeles que luego se rescataron y recompusieron. Y que alguien tan poco sospechoso de españolista como Pasqual Maragall ya denunció el cobro de comisiones…
-Más corrupción tiene el PP partido que go­bierna España, con varios miembros condena­dos y entre rejas, y nadie se cuestiona la legiti­midad del Gobierno español.
Yo sí me cuestiono la legitimidad del Gobier­no español, quiero decirte, pero tengo la sensa­ción de que no es una discusión que vaya a lle­vamos a ninguna parte. Últimamente, mis con­versaciones con algunos amigos catalanes, amigos que habitualmente eran votantes de iz­quierda y que siguen siendo, me consta, gentes de bien, personas decentes, se estancan en un lugar donde los argumentos chapotean en ba­rro.
¿Qué mecanismo consigue que la población permita la corrupción «propia» y la minimice, la relativice, y llegue a considerar una agresión el hecho de sacaría a la luz? ¿Qué hemos perdi­do por el camino para olvidar que quien relativiza la corrupción de sus gobernantes colabo­ra con ella?
Creo que tiene que ver con un proceso de «visceralización» de la política, de «sentimentalización» de la toma de decisiones por parte de la población. Lo que han hecho los dirigen­tes de CDC y algunos medios de comunicación es azuzar las pasiones familiares y de pertenen­cia hasta el punto de que a nadie le llama de­masiado la atención ver llorar a dos altas diri­gentes políticas por el hecho de que Artur Mas acuda a declarar al juzgado. Las lágrimas de Nuria de Gispert y de Carme Fbrcadell la se­mana pasada me pusieron la piel de gallina. Y no porque compartiera sus emociones, todo lo contrario, porque me parecieron el máximo ex­ponente de la sobreexcitación que vive la socie­dad catalana. Mas con los cuatro dedos en el corazón, los bastones de los alcaldes alzados y las mujeres rompiendo a llorar... ay.
Estoy a punto de preguntar a mi amigo sobre las lágrimas de las «presidentas», pero prefiero evitarme un feo. De los políticos se espera san­gre fría, racionalidad, buena gestión, honradez y que representen a la población que gobier­nan. Sin aspavientos. Con sensatez. Temo que las detenciones de ayer no pueden observarse correctamente sin todo lo anterior. Temo que de todo eso no queda nada. Temo, en fin, que en mis conversaciones cada vez haya más ba­rro.

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