dimarts, 24 de novembre de 2015

2231-PODEMOS, JUECES INFANTA

LA MONARQUÍA de todos, la democra­cia pluralista plena, ampara a Pablo Igle­sias y a su partido Podemos, que, dentro de la ley, mantiene la ideología que cree más conveniente. Jueces como José Cas­tro y Juan Pedro Yllanes tienen todo el derecho a sentirse cerca de Podemos y a compartir sus ideas y planteamientos. Nada que reprochar. José Castro ha re­nunciado a figurar en la lista podemita por Baleares, pues ha preferido continuar en el puesto que le ha sido prorrogado. Juan Pedro Yllanes ha solicitado la exce­dencia voluntaria y los ciudadanos ten­drán ocasión de respaldarle o no con su voto dentro de la lista electoral de Pode­mos. Ese es el libre juego de personas e instituciones en el Estado de Derecho.

Al juez Castro, que no es de carrera si­no un enchufado del cuarto turno, le han elogiado algunos por su tenacidad al aco­sar a la Infanta Cristina en el caso Nóos hasta sentarla en el banquillo. Otros le han denostado al considerar escandalosa su persecución contra la Infanta y la oje­riza con que la ha distinguido. Pedro Horrach, desde su acreditada independencia, calificó a Castro de «taimado», aseguran­do que «una leve brisa destruye la instruc­ción» que hizo «a la carta» para «pescar a la Infanta». En su fobia contra Doña Cris­tina, el juez ha buscado «frenéticamente la notoriedad», alargando «la instrucción hasta la náusea» para permanecer en los medios de comunicación, en su obsesión «por convertirse en un juez estrella».

Los elogios al controvertido José Cas­tro han sido muchos y las críticas tam­bién, algunas demoledoras. Son muchos los que consideran evidente su intento de medro personal de cara al futuro. Juristas de máxima solvencia consideran que la Infanta Cristina, una mujer sencilla, tra­bajadora y solidaria, es por entero inocen­te y que la responsabilidad del caso Nóos recae en Iñaqui Urdangarín y en su socio. Eso lo decidirá la Audiencia de Palma.

¿Qué se hubiera dicho, en fin, en deter­minados periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales si la novia de Pa­blo Iglesias hubiera sido acusada de co­meter un delito y el juez instructor, prime­ro, y el presidente del Tribunal, después, fueran magistrados solicitados por un partido de extrema derecha para encabe- zar sus listas? Callan muchos, sin embar­go, ante la circunstancia reveladora de que el juez instructor del caso en el que se ha perseguido a la Infanta ha sido llama­do por Pablo Iglesias para encabezar la lista de Podemos por Baleares. Y que el presidente del Tribunal que la va a juzgar ha pedido la excedencia y se ha incorpo­rado a la lista de un partido instalado en la extrema izquierda.

La Justicia ciega y equilibrada ha que­dado en entredicho. La opinión pública más responsable no sale de su asombro al conocer que el presidente del Tribunal que iba a juzgar a la Infanta participe de la ideología de Podemos hasta el punto depresentarse a las elecciones generales re­presentando al partido de Pablo Iglesias. No pongo en duda el ejercicio indepen­diente de los señores Castro e Yllanes. Pe­ro no se trata solo de ser. Hay que parecer. Nadie con la cabeza sobre los hombros se cree que los dos podemitas ahora cuestio­nados no se hayan dejado influir por su ideología radical de extrema izquierda. Ahora se ha descubierto el pastel.


Luis María Anson

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