dimecres, 11 de novembre de 2015

2191-UN PANORAMA DE LOCOS

Ya sabíamos lo que iba a pasar pero no podía­mos saber en qué términos se iba a desarro­llar la jornada en el Parlamento catalán. Y lo que vimos y escuchamos ayer convierte en definitivamente penosa la situación de un Artur Mas que ya no sabe qué más ofrecer a los que son sus enemigos ideológicos para arran­carles tan solo la abstención de ocho de los suyos y el voto afirmativo de dos. No nos engañemos, los de la CUP tampoco­ quieren que se convoquen nuevas eleccio­nes. Por lo tanto, lo probable es que al final haya algún acuerdo que permita a los de ex­trema izquierda hacerse con la antorcha y sa­car adelante la locura que se tienen entre ma­nos. Pero mientras ese momento llega, Baños y los suyos no van a desperdiciar ninguna oportunidad de humillar al todavía presiden­te en lo personal, en lo político y en lo admi­nistrativa Y van a demostrar al público quién manda, cosa que ya se ha visto: mandan ellos.

De esta manera está quedando muy claro que el intento de esa independencia que se proponen conseguir será liderado por la CUP no por ERC y mucho menos por Convergéncia, sobre todo si se empecina en mantener a Mas ai frente de sus filas. Y este es el panora­ma con el que se tiene que enfrentar el Esta­do español: un Gobierno no nato pero condu­cido a la sumisión por unos sujetos que se de­claran no solamente enemigos de España, sino también de la UE y de la OTAN, y dis­puestos, además, a desmontar el capitalismo en Cataluña como quien desmonta las piezas de un mecano. Por si era de la máxima grave­dad el desafío planteado, ahora se le suma el ingrediente de una supina ignorancia política y de una idea adolescente del ejercicio del po­der. En definitiva, un panorama de locos.

Pero no hay que despistarse: entre ese es­pectáculo deplorable aparece la voluntad de medio Parlamento de desobedecer todo lo que se ponga por delante y que tenga origen en el cumplimiento de las leyes. Incluidas las resoluciones del Constitucional. De modo que, más que entretenernos en apreciar el pe­noso papel del señor Mas -maravilloso eso de que en los últimos ¡siglos! Cataluña no había podido ofrecer todo lo bueno de sí misma-, debemos fijarnos en lo que corre por debajo del esperpento al que estamos asistiendo.
Y como ya está previsto que la señora Forcadell vaya a hacer caso omiso a las órdenes del TC hay que poner la atención en el comportamiento de los Mossos d'Esquadra, la fuerza policial sobre la que, en principio, va a recaer la respuesta del Estado ante las más que probables desobediencias, no sólo de ella, sino de los funcionarios que incumplan su obligación de someterse al mandato de la ley.

Aquí es donde empieza la batalla, que tie­ne poco que ver con la permanencia o no del señor Mas al frente del Gobierno catalán, co­sa que importa extraordinariamente al inte­resado y a sus compañeros de partido y que tendrá efectos en la situación política final, pero que no alterará en nada lo esencial del escenario. Pero si tuviera que hacer una apuesta, yo me inclinaría por asegurar que, una vez convenientemente macerado Mas en la humillación, alcanzarán un acuerdo que les permita salir adelante con su locura insurrec­ta pero, eso sí, a partir de ahora dirigidos por la CUP, que es la que tiene el ronzal con el que les lleva por el sendero. Si no fuera trági­co sería como para llorar de risa.


VICTORIA PREGO

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