dimarts, 16 de febrer de 2016

2478-COMO ERA DE ESPERAR

«CIUDADANOS y Podemos, bonitos mo­tes, nuevos grupos que intentan chupar del bote». La sabiduría popular acertó de pleno. Pablo Iglesias y sus confluencias han recibido ya, y recibirán anualmente del Estado, 10,9 millones de euros; Albert Rivera, 7,1 millones. No han hecho el me­nor asco a la lotería de la que disfrutarán a bolsillos llenos. Algunos ingenuos espe­raban que ambos líderes emergentes se hubieran plantado, proponiendo un pro­yecto de ley que dijera así: «Ningún partído político, ningún sindicato, podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados». Eso sí que se­ría atender al interés general, al bien del ciudadano, a la regeneración democrática, a una política real de progreso.
Transitando con entusiasmo por los ca­minos de la casta, Pablo Iglesias y Albert Rivera se benefician ya de la mamandurria oficial, pagada a través de los impuestos con los que, de forma inmisericorde, la clase política sangra a los ciudadanos. Además del aguacero de millones anuales, Ciudadanos y Podemos se beneficiarán de dietas, viajes gratis total, subvenciones va­rias, sueldos por la actividad parlament a­ria y prebendas sin número, todo lo que los políticos de la casta, en fin, se otorgan a sí mismos y que han pagado y pagarán los ciudadanos, cada vez más hartos de contemplar cómo se despilfarra el dinero público en tantas ocasiones de forma cíni­ca, cuando no soez y sin veladuras.
La sagacidad de Talleyrand lo dejó es­crito: «Desconfiad del primer movimiento de un político; el primer movimiento es siempre generoso». Solo hace unos meses parecía que de verdad Iglesias y Rivera pretendían la regeneración de la demo­cracia española. Pero ya están instalados en el carro del poder pastoreando a sus dóciles ovejas que balan entusiasmadas al olor del pienso rebosante en el pesebre nacional.
Y queda por ver si resistirán a la tenta­ción de la corrupción. Casi todos los par­tidos con mando en plaza se han inven­tado fórmulas para sustraer dinero con destino a la agrupación en la que militan y también para forrarse el bolsillo parti­cular. 1os Eres y los cursos de formación en la Sevilla socialista; los gürtel y las pú­nicas en el Madrid popular; los 3% y los pujóles en la Cataluña convergente, son solo puntas del gigantesco iceberg que alimenta a partidos y a políticos desde hace cuatro décadas para ludibrio de un pueblo cada vez más asqueado por los latrocinios de la clase política y la casta sindical, reguero de dioses menores en el altar de la corrupción.
Daniel Forcada y Federico Quevedo publicaron hace diez años un libro de­moledor sobre el cinismo de políticos y sindicatos que se han arrogado privile­gios sin número pagados por los ciuda­danos. Ambos periodistas sabían que araban en el agua, que nadie iba a embri­dar a los partidos políticos y a los sindi­catos, convertidos ambos en un suculen­to negocio económico y en agencias de colocación para enchufar a parientes, amiguetes y paniaguados. Por cierto, ha­ce años que no cito a Balmes. El filósofo escribió en el siglo XIX, pensado en el Pedro Sánchez del XXI: «Ay de los pue­blos gobernados por un político que ha de pensar antes que nada en la conserva­ción propia».


Luis María Anson,

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