dimarts, 23 de febrer de 2016

2498-DEMOCRACIA 'LOW COST'

Hoy se cumplen 35 años del golpe de Te­jero, Milans y Armada ¡Qué lejana nos pa­rece ahora aquella España en la que un te­niente coronel de la Guardia Civil entró en el Congreso, pistola en mano, al grito de: «¡Quieto todo el mundo!».
Pasamos mucho miedo. Temíamos perder la democracia que había costado tan­tos años y tanto esfuerzo recuperar. Ha­bían pasado poco más de 5 años desde la muerte de Franco, pero la mayoría de los españoles ya no quería volver atrás. Mirá­bamos al futuro.
Hasta nuestros padres, que habían pe­leado en la Guerra Civil, creían en la re­conciliación. Les aterraba la sola idea de desenterrar el odio de las dos Españas.
Tejero, Milans y Armada se equivocaron al pensar que su golpe tenía posibilidades de éxito. Ni las Fuerzas Armadas eran ya el bastión del franquismo que ellos añoraban, ni la sociedad civil, endeble todavía, quería volver a los oscuros años de la dictadura.
Que nadie se equivoque. La razón del fiasco del 23-F no fue que algunos capita­nes generales se echaran atrás en el último momento; o que Sabino Fernández Cam­pos, entonces Jefe de la Casa del Rey, im­pidiera la llegada a la Zarzuela del general Armada, cabecilla del golpe; ni siquiera el mensaje televisado de don Juan Carlos pi­diendo a los tres ejércitos que respetasen el orden constitucional. No. La verdadera causa del fracaso fue que España había cambiado esencialmente y quería vivir en libertad.
Ahora, cuando se cumplen 35 años de aquella intentona, algunos, como el porta­voz de ERC, Joan Tardá, se permiten el lu­jo de calificar el sistema político español como una «democracia low cost». Y lo ha­ce, entre otras razones, para defender que Arnaldo Otegi, que saldrá de prisión la próxima semana tras haber cumplido seis años y medio de condena por intentar re­construir Batasuna siguiendo las instruc­ciones de ETA, es un «preso político».
Ni Tardá, ni David Fernández, que le acompañó el pasado domingo a la prisión de Logroño a visitar al líder de la izquier­da abertzale; ni Pablo Iglesias, que preten­de que el poder judicial comparta el idea­rio del gobierno, han vivido bajo la dicta­dura. Pero en su imaginario, España mantiene un sistema político a medio ca­mino entre el franquismo y la democracia.
Nuestra débil democracia afrontó ya ha­ce 35 años el reto de condenar a los impli­cados en el 23-F. La Fuerzas Armadas han demostrado sobradamente su lealtad a la Constitución.
Desde la muerte del dictador ha habido quince elecciones generales, en las que los ciudadanos han elegido libremente a sus gobernantes. Ante los casos de corrupción, la prensa, la Fiscalía, las Fuerzas de Segu­ridad y los jueces han actuado, por regla general, con absoluta profesionalidad e in­dependencia.
Ningún país europeo ha mejorado tanto como España su nivel de vida en los últi­mos 40 años. Ningún país de la UE puede darnos lecciones de democracia.
Incumplir la Constitución o las resolu­ciones del Tribunal Constitucional, como pretenden Tardá y sus compañeros inde- pendentistas; poner al poder judicial a las órdenes del Ejecutivo, como le gustaría a Iglesias, sí que sería degradar la vida de­mocrática de nuestro país, rebajarnos al ni­vel de Venezuela, sumergirnos en una au­téntica democracia low cost.


CASIMIRO GARCIA ABADILLLO

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